Arquitectura

«El templo, en su conjunto, además de la utilidad de celebrar el culto divino, representará plásticamente las verdades de la religión y la glorificación de Dios y de sus santos.» A. Gaudí

Gaudí concibió la Sagrada Familia a partir de la tradición de las catedrales góticas y bizantinas. Con la arquitectura y la belleza del edificio quería expresar las creencias cristianas, y comunicar a todo el mundo el mensaje evangélico. Consiguió una simbiosis entre forma y simbolismo cristiano, con una peculiar arquitectura generada por estructuras, formas y geometrías nuevas pero de gran lógica e inspiradas en la naturaleza, con un importante protagonismo de la luz y del color.

El significado de la Sagrada Familia se comunica con la forma y la expresividad de la arquitectura, de las imágenes y los conjuntos escultóricos. 

Los diferentes elementos arquitectónicos tienen un simbolismo cristiano ordenado jerárquicamente. Así, cada una de las dieciocho torres tiene una dedicación. En el centro estará Jesucristo, y a su alrededor, las cuatro torres que representan los evangelios, los libros que explican la vida y las enseñanzas de Jesús. La torre sola del ábside, coronada por una estrella, representa a su madre, María, y las doce torres restantes representan a los doce apóstoles, testigos de sus palabras y gestos.

Se mire desde donde se mire, una vez acabadas estas dieciocho torres ofrecerán una visión extraordinaria y darán una sensación de elevación alrededor de la torre central, dedicada a Jesucristo.

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La verticalidad, de hecho, es una de las características de la iglesia que propone Gaudí con el objetivo simbólico de elevarse hacia Dios: una forma de pirámide desde el exterior, una altura elevada en las naves y unos pináculos, en la cumbre de las torres, que parecen confundirse con el cielo.

En los portales de las fachadas se explican la vida y las enseñanzas de Jesús. Cada una representa uno de los tres momentos culminantes de su vida: su nacimiento, su pasión, muerte y resurrección, y su gloria, presente y futura. A medida que pasa el día, la luz solar subraya todavía más las características (generosas, armoniosas o dramáticas) de cada fachada.

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Gaudí indicó que la luz en el interior del templo debía ser armoniosa y resaltar la plasticidad de la nave, y que, sobre todo, tenía que inducir a la introspección y al recogimiento espiritual.

Las columnas arborescentes, además de su función estructural, reflejan la idea de Gaudí de que el interior del templo tenía que ser como un bosque que invitara a la oración, y que fuera adecuado para la celebración eucarística.

Para liberar de peso a los techos y aportar iluminación, proyectó en los espacios situados entre las columnas unos tragaluces o claraboyas, concebidos a partir de hiperboloides, construidos con piezas de vidrio doradas y verdes y con baldosas, por donde entra y se refleja la luz solar. Todos los vitrales del ábside siguen una degradación tonal que busca crear una atmósfera propicia a la introspección.

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«La intimidad con la amplitud es la del bosque, que será el interior del templo de la Sagrada Familia». A. Gaudí

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«No hay que lamentar que yo no pueda acabar el templo. Yo me haré viejo, pero otros vendrán detrás mío. Lo que debe conservarse siempre es el espíritu de la obra, pero su vida tiene que depender de las generaciones que se la transmiten y con las cuales vive y se encarna.» A. Gaudí

En la época de Gaudí colaboraron con él muchos de sus discípulos y ayudantes, como por ejemplo Francesc Berenguer, Josep Maria Jujol, Josep Francesc Ràfols, Cèsar Martinell, Joan Bergós, Francesc Folguera, Josep Canaleta y Joan Rubió.

Desde que murió Gaudí, en 1926, la construcción del Templo Expiatorio de la Sagrada Familia fue continuada por sus arquitectos y artistas colaboradores, siguiendo su proyecto definido en planos y modelos de yeso. Al morir el arquitecto, se hizo cargo de las obras otro de sus discípulos, Domènec Sugrañes, que finalizó la construcción de las tres torres de la fachada del Nacimiento que quedaban pendientes. Una vez fallecido Sugrañes, después de la Guerra Civil, lo sucedió Francesc de Paula Quintana, que trabajó estrechamente con Isidre Puig-Boada y Lluís Bonet i Garí, especialmente en la construcción de la fachada de la Pasión, para lo cual siguieron los criterios y los documentos que se habían conservado de Gaudí. En 1966, Puig-Boada y Bonet i Garí relevaron a Quintana como responsables de las obras, cargo que desempeñaron hasta 1983, cuando fue nombrado Francesc Cardoner.

El 1985 se confió la dirección a Jordi Bonet i Armengol. Éste se rodeó de un equipo integrado por Carles Buxadé, Joan Margarit, Josep Gómez, Jordi Coll, Mark Burry y Jordi Faulí, que se encargaron principalmente de proyectar y construir las naves del templo. A partir de 2012 Jordi Faulí ha pasado a ser el arquitecto director y coordinador de las obras del templo.

Aunque en general sus coetáneos no lo comprendieron, Gaudí desarrolló el lenguaje arquitectónico que lo ha hecho universal y hoy nadie duda de que es un personaje esencial de la arquitectura del siglo XX. Actualmente se considera que los métodos de Gaudí, un siglo después, continúan siendo revolucionarios.

Gaudí, el arquitecto de Dios
El sentido de su obra maestra.

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